22 jul. 2013

Una tiza para llegar al «Cielo»



Hace exactamente cincuenta años que se publicó Rayuela, una obra que para muchos resulta imprescindible. Imprescindible si se desea entender el boom de los 60’ de la literatura latinoamericana, imprescindible si se quiere explorar en las posibilidades creativas más allá de los cánones, imprescindible si se desea fijar un referente literario irreemplazable.

Es posible acompañar a Julio Cortázar en la génesis de Rayuela a través de sus propias palabras, en diferentes cartas:

«Terminé una larga novela que se llama Los premios, y que espero leerán ustedes un día. Quiero escribir otra, más ambiciosa, que será, me temo, bastante ilegible; quiero decir que no será lo que suele entenderse por novela, sino una especie de resumen de muchos deseos, de muchas nociones, de muchas esperanzas y también, por qué no, de muchos fracasos».

«Cada vez me gustan menos las novelas, el arte novelesco tal como se lo practica en estos tiempos. Lo que estoy escribiendo ahora será (si lo termino alguna vez) algo así como una antinovela, la tentativa de romper los moldes en que se petrifica ese género.»

«No es una novela, pero sí un relato muy largo que en definitiva terminará siendo la crónica de una locura. Lo he empezado por varias partes a la vez, y soy a la vez lector y autor de lo que va saliendo... La cosa es terriblemente complicada, porque me ocurre escribir dos veces un mismo episodio, en un caso con ciertos personajes, y en otro con personajes diferentes, o los mismos pero cambiados... Me propongo empezar por el final y mandar al lector a que busque en diferentes partes del libro, como en la guía del teléfono.»

«Un día le pediré que lea lo que estoy haciendo ahora, y que es imposible de explicar por carta. Ignoro cómo y cuándo lo terminaré; hay cerca de cuatrocientas páginas, que abarcan pedazos del fin, del principio y del medio del libro, pero que quizá desaparezcan frente a la presión de otras cuatrocientas o seiscientas que tendré que escribir entre este año y el que viene. El resultado será una especie de almanaque, no encuentro mejor palabra.»


Julio Ortega, escritor y crítico literario, profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Brown, cuenta sobre Cortázar que:

«Él nunca ganó un premio, no recibía más de 500 dólares al año por sus derechos de autor, y tuvo que trabajar de traductor medio año toda la vida. La literatura era gratuita, y lo único que no tenía precio».

«Una vez Carlos Fuentes le envió un artículo suyo sobre los maestros del "boom": Asturias, Carpentier, Rulfo, Cortázar. Julio le dijo: "Estupendo ensayo pero ¿cómo me pones junto a Alejo? Él es un escritor que se acuesta con las palabras, yo me peleo con ellas". Hay malos lectores que creen que Julio escribía inspirado y fluidamente cuando lo suyo era una estrategia de suscitamiento, aleación y sorpresa. Un método contra el lenguaje socializado y cotidiano.»

Y considera que Rayuela:

 «Sigue siendo la novela más inventiva de América latina y las demandas de Morelli de una literatura radical, así como la idea de una ética afectiva, en una época donde la novela la dicta el mercado y la subjetividad ha sido tomada por la economía, la convierten en un tratado de resistencia».

Dentro de un año y aproximadamente por estas fechas celebraremos los cien años del nacimiento de Julio Cortázar, considerado por quienes entienden uno de los autores más rompedores, innovadores y originales de su tiempo, aniquilador de estructuras clásicas, artista de las letras equiparado con lo que en la pintura serían los surrealistas.

Es un buen momento, por lo tanto, para invitarlos a visitar (o revisitar) sus obras, en particular Rayuela.

                                                                                    
                                                                                   Contribución: zoquete y Esther


·         Medio siglo de Rayuela, la antinovela que cautivó almundo. Palabras de liberación, 30.05.2013

·         A 50 años de la primera edición de Rayuela, un libro que rompió los moldes. 28.06.2013

6 comentarios:

  1. Lo leí hará ya más de 10 años y no me acuerdo de nada. Por entonces, no tenía mucha idea de quién era Cortázar, mucho menos de las formas que se proponían para leer Rayuela. Es como si no lo hubiera leído, y desde hace un año o así le tengo unas ganas enorme. ¡Espero tener un hueco estas semanas para ello!

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  2. Ahora sí lo disfrutaràs, Sergio... Tuve una experiencia similar con Borges, y ahora lo releo sin cesar, jaja.

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  3. Rayuela, yo leí esa novela pues como si fuera una novela, eso sí, con algo de miedo, tanto se había mitificado, que si difícil, que si inmoral, que si rompedora, pensé que no la iba a entender, y saben qué al final encontré a ese hombre de gabardina que deambulaba por París, un hombre distinto, que amaba el jazz, el alcohol, las noches y la soledad, y sobre todo encontré a un argentino que ha llegado a ser universal, un argentino de los pies a la cabeza,...

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  4. ¿Podéis creer que jamás de los jamases he leido nada de Cortázar? Este tipo de entradas, recordando clásicos, se hacen imprescindibles para los despistados como yo.


    Buen artículo, seguro que habéis despertado la curiosidad de un buen puñado de lectores, yo incluída ;)

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    1. Ah, Natts, sus cuentos, sus cuentos... Te escribo un correo.

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